Es curioso cómo muchas veces nos olvidamos de la importancia de una sonrisa, de una caricia, de una buena palabra, del cariño o del trato agradable. Vivimos con la preocupación de llegar al día siguiente, de ascender en una escala social que poco importa a nuestro cuerpo, a nuestro bienestar, salvo la posibilidad, puramente material, que ésta nos pueda reportar.
Una sonrisa a tiempo, aumenta la productividad, las relaciones sociales, nos hace sentir mejor con nosotros mismos. La amabilidad, las palabras asertivas y la calma, son las herramientas más eficaces para alzarnos por encima de nuestra soledad y, en ocasiones, de la futilidad de las cosas que consideramos importantes.
La alegría es un estado que pocas veces valoramos en su justa medida, pues parece que nos empeñemos en estar tristes, serios o preocupados. Este video hace reflexionar al respecto. Es un experimento real con un niño: observad su comportamiento cuando se le trata con alegría y cariño, y mirad cómo reacciona su cuerpo, su estado de ánimo, cuando lo que se encuentra delante es una cara seria y fría.
A veces, el mejor consejo es seguir siendo niño (porque nunca dejamos de serlo del todo)
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