“Trae el viento”, dijo mi voz interior, “que te acaricie con su roce suave, que te haga estremecer en las noches sin luna. Tráelo y dile que te grite mi nombre, que es el tuyo… Oblígale a hacerte sentir vivo, a ser consciente de cada segundo que se te brinda, de cada instante que nace por ti; dile que recorra, contigo, ese camino que ya eres, para llegar a ser… Luz, brillo, estrella… Inmenso pozo de agua pura, emoción y sueño, aurora de esta brisa que te da identidad, que te despierta a mis mañanas, para aferrarte al presente futuro de nuestro viento, siempre constante, siempre fluyendo…” “Antes de convertirte en el dueño de tu vida, tienes que demostrar ser capaz de poseerla”, dijo una voz desconocida; “a menudo soñamos con tener, con llegar, con alcanzar… y no nos damos cuenta de la banalidad de nuestros deseos hasta que nos lamentamos, por no habernos preparado, antes, para mantenerlos.” “¿Quién eres tú”, dijo mi voz interior, “que osas implicarte en mi proyecto, en mi magia y en mi viento?”. “Yo soy lo que buscas”, contestó la voz desconocida, “soy el proyecto, la magia y tu viento. Soy el destino, que nunca existe salvo para los cobardes, y el mañana que llega para todos. Soy el segundo y el siglo, la nada y el todo, soy tu existencia, tu vida, tu voz y la mía, que ahora discuten, incapaces de dar paz a tu cuerpo y a tu espíritu.”
“Trae el viento”, volvió a decir mi voz interior, “no necesito más que el viento para sentirme vivo…” “Te equivocas”, contestó la voz desconocida, “no hay más vida que la que uno se empeña en vivir, pero eso no puede impedir que sueñes. Tienes que estar preparado para soñar, los sueños son importantes, más fuertes que el viento, y si te encargas de seguirlos, son los que te harán, realmente, sentir vivo.” “Entonces, dame sueños”, gritó mi voz interior, “tú que lo sabes todo, que para todo tienes respuesta, ¿por qué no me das esos sueños, ese viento, esa vida…?” “Porque la vida se gana a base de sueños propios, porque los sueños jamás se regalan, porque soñar es vivir, y nadie puede vivir lo que tus sueños te piden… Salvo tú.”
Hubo un instante de silencio entre las dos voces. Luego, como si la voz desconocida se diera cuenta de su superioridad, comenzó a hablar con un tono más amable, menos inquisitivo y aleccionador, mucho más cercano y amigable. “Yo puedo darte herramientas”, dijo la voz, “objetos mágicos que te ayudarán a soñar, pero que nunca te dirán cómo deben ser tus sueños; herramientas para acompañarte, no para guiarte; ellos serán inspiración, nunca obligación; serán caricia, susurro, sonrisa…”
“Ayúdame, entonces”, dijo mi voz interior, “la vida es el objetivo, pero no sé cómo empezar a sentirme vivo”. “No te preocupes”, comentó la otra voz, “nunca estamos tan solos como creemos, ni pesan tanto los problemas como nos empeñamos en cargar. Ten, este primer objeto mágico te hará sentir mejor…”
“Aquí tienes esta bolsa de confeti; la alegría y la espontaneidad de una fiesta, el ánimo y la sonrisa sincera. No puede haber vida sin estos componentes. Guarda bien tus sonrisas aquí, y no dejes de esparcirlas por el mundo. Esta bolsa de confeti es de la marca Santiago…”
“Este otro objeto es una bella poesía, una obra de arte para la que no existe el tiempo; cada vez que se lee resulta más nueva, más agradable, más sincera. No hay poesías impostoras, ni arte que, como este, no sea bello. Este poema lleva por título Yolanda…”
“Utiliza bien esta enciclopedia; es concisa y muy clara, y pesa lo suficiente como para mantenerte cerca de tu camino, cuando quieras volar sin haber desplegado, antes, las alas. Este tomo de sabiduría lo escribió una tal Mariel…”
“Fíjate en este frasco de colonia; otorga el aroma sutil de la sensibilidad y la inteligencia, y el frescor de la juventud y la valentía. Es el mejor de los perfumes, es Eau de Carla…”
“Mira bien esta fotografía del mar chocando contra la roca; te dará la fuerza necesaria cuando te sientas débil, el vigor y la energía para luchar contra las fuerzas de la naturaleza, si es que tu camino se empeña en horadar montañas. La fotógrafa es muy buena, se llama Sandra…”
“Nunca dejes de protegerte con este escudo mágico. Tiene la fuerza y la autonomía necesarias para sobrevivir a la furia de cien batallas. Sabe cuándo proteger y se ajusta perfectamente a tu brazo; no en vano su herrera fue Deisy…”
“Aliméntate de esta fruta exótica que nunca termina de darte su zumo, recogida en el mejor momento, alegra y atempera el ánimo, y aporta el ambiente importante de los grandes banquetes, y el sabor agradable de tu plato preferido. Es la fruta del árbol de Carina…”
“Para sentirte cómodo, para andar kilómetros sin aprietos, para que siempre recuerdes que la vida es tan elástica como tú te atrevas a estirarla, y que nunca te faltará quien tire de ti hacia adelante, te regalo estos magníficos tirantes del diseñador César…”
“Este azúcar no es un azúcar normal; es el azúcar más dulce que existe en la tierra, el menos empalagoso y más sabroso. Todos pueden probarlo, y nadie, hasta el momento, ha notado más efectos secundarios que los de transformar, cada trago amargo, en tiernos bocados de vida. Siempre lo recomiendan en la pastelería Susana…”
“No te olvides de ponerte estas gafas cuando quieras verlo todo más claro, cuando no entiendas lo que ocurre a tu alrededor, cuando creas que la realidad no es nada más que lo que abarca tu mirada… Estas gafas nunca fallan, son de la óptica Mari Cruz…”
“Esta página en blanco es para escribir lo que sientas, lo que pienses, lo que vivas… No hay mayor confianza que la de una página en blanco, dispuesta a escuchar lo que queramos contarle, porque ella nos muestra todo lo que es, tal y como es: la conjunción de todos los colores. Aprovéchala bien; es de la papelería Inés…”
“Este pañuelo limpia el sudor, agita banderas, ata sueños, se mueve con el viento, fluye con la vida que también te rozará a ti… Sirve para todo, si lo utilizas con imaginación, incluso, si te lo atas, a modo de parche, para jugar a ser el malvado pirata Diego…”
“No hay pila que no se agote, salvo ésta que te entrego. Ni siquiera hace falta cargarla. Posee la facultad de animar, motivar y ponerse manos a la obra. Es agradable su contacto, y, algún día, todos los productos de la tierra, se diseñarán para ser utilizados con esta pila. Su gran inventor se llama Nacho…”
“Con esta regla puedes medir tus límites; pero lo curioso es que siempre se estira un poco más, de modo que nunca vas a ser capaz de medir tus posibilidades, porque, con ella, siempre irás a más. Es una regla que mide en una nueva escala, la escala de Margarita…”
“Y este pincel sirve para dibujar, pero no necesita de pinturas, se nutre de emociones. Con él siempre podrás expresarte con la calma y la alegría de saber que estás mostrando al mundo, precisamente, lo que tantas veces nos cuesta mostrarnos a nosotros mismos. Es un recuerdo que nos ayudará a aplicarnos el cuento, y poder pintar en el lienzo de nuestro día a día. Este estilo pictórico no es otro que el de Rubén…”
“Y me quedan dos últimos objetos, no por ello menos importantes. Son dos velas, dos velas que permanecen encendidas, dos velas que convierten la noche en día, y el problema en ocasión; dos velas que no queman, sino que reconfortan, dos velas que no solo iluminan, sino que encienden tu vela interior, que la contagian con tu fuego. Estas velas portan el fuego de dos antiguos maestros, de Quique y de Bea…”
En aquel instante me vi rodeado de objetos, y la voz calló para siempre. Incluso la voz de mi interior se disipó, como si nunca hubiera estado ahí, pidiéndome cosas que nunca se atrevió a pedir a la cara… Y, entonces, como si los sueños pudieran hacerse reales y la magia existiera, me escuché a mí mismo, por primera vez en la vida… Escuché mi propia voz…
Y sólo pude expresar palabras de agradecimiento, que el viento conservó en su regazo y elevó al mundo con su roce suave.”